Encuentro con CJ Tudor, autora de El Hombre de Tiza

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La chica de al lado de Jack Ketchum

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Imaginad una manzana roja, brillante, como la que la bruja le ofrece a Blancanieves en el cuento del mismo nombre. Visualizad esa imagen por un momento, en una fuente de cristal y rodeada de otras diez de ellas. Apetecible, ¿verdad? Ahora, en vuestro frutero imaginario, probad a introducir otra manzana, esta vez podrida y arrugada. Haced un time-lapse mental, como en uno de esos vídeos documentales en los que los días se suceden en cuestión de segundos. Ahora sustituid manzanas por personas, como hizo Ana Botella en su momento y tendréis una perfecta analogía del libro que vamos a tratar.

Años cincuenta. Un pueblo cualquiera en Estados Unidos. Un grupo de casas alberga la vida diaria de un vecindario de lo más normal. Béisbol, cerveza, cigarrillos Chesterfields y marsmallows a la luz de las hogueras. Todo cambia cuando Meg y su hermana pequeña Susan, sufren un accidente de coche en el que sus padres mueren y aterrizan en el hogar de los Chandler. La apacible vida de los chicos del barrio y de las dos recién llegadas cambiará para siempre en un giro casual de los acontecimientos.

 Como muchas veces he comentado, soy un amante de la literatura de terror y un ferviente admirador de la novela de género. Sin embargo, por cosas que ni yo logro a comprender, aún no me he encontrado con ningún libro que fuese capaz de removerme los intestinos por culpa del miedo escondido entre sus páginas. Sí, me he topado con escenas terroríficas que, si me pasaran en el mundo real, me obligarían a hacerme un ovillo y chuparme el pulgar como un niño de teta, pero al estar escritas en tinta, ni fu ni fa. Nada que ver con el cine de esta misma temática, del que me alejo todo lo que puedo a no ser que la película en cuestión me la hayan recomendado con fervor, porque lo paso realmente mal.

El caso es que desde hace ya un par de años, venía escuchando tanto en redes como en tertulias literarias que La chica de al lado de Jack Ketchum (Nueva Jersey, 1964-Nueva York, 2018) era probablemente uno de los peores libros que podías echarte al coleto en 450_1000cuanto a este género se refiere. Curiosamente, hace unas semanas, pregunté en redes sobre novelas que dieran verdadero terror y esta fue una de las más nombradas. En lo que la mayoría estuvo de acuerdo era que, más que acongojarte, la historia de sus protagonistas, Meg y David, te revolvía las tripas. Fue por ello que tomé la decisión de, en cuanto terminase con lo que tenía entre manos, me pondría con ella.

La cogí a ciegas, sin saber nada de lo que me iba a encontrar. No leí la sinopsis, tampoco las reseñas, no pregunté a nadie sobre el argumento; tan solo me senté en el metro, abrí la primera página y comencé a leer. Empezaba muy bien. Una narración en primera persona en la que David, el principal protagonista, se marca un monólogo de lo más convincente acerca de lo que es el dolor. Desde el principio entiendes que algo chungo ha debido de sucederle en el pasado; dos páginas y sabes que lo que le pasó hace más de treinta años fue determinante para el devenir de su vida. Y no, no te equivocas.

Tras este inicio, el autor retrocede treinta años atrás hasta la infancia de David y le coloca sobre una roca en medio de un río, recogiendo cangrejos y conociendo por primera vez a Meg, co-protagonista absoluta de la trama. Una conversación banal, una cicatriz en un brazo y parece que el primer amor de verano para David está a a punto de sucederse.

Sin utilizar ningún recurso sobrenatural, solo con las peripecias de unos críos cuyas personalidades recuerdan a los muchachos de It o Cuenta conmigo de Stephen King en un entorno rural similar al de las novelas anteriormente mencionadas, el autor describe de forma cruda y directa cómo es la vida en un pueblecito del interior americano recién salido de la guerra. Allí hay poco que hacer más allá de jugar al pilla-pilla, cazar imagescangrejos en el río o tirarse piedras y descalabrarse unos a otros. Ya sabéis, como en España en los ochenta pero sin Franco. De hecho, Ketchum tiene una gran virtud a la hora de poner en escena todo lo que sucederá más adelante, y es gracias a las inexistentes descripciones de sus emplazamientos. No le hace falta convencer al lector de lo que rodea a los personajes porque estos son tan claros que todo lo demás es accesorio.

La elección del narrador en primera persona es un verdadero acierto. Os preguntaréis por qué. Todo lo que se narra en la novela ha sucedido treinta años atrás, pero David decide contarlo en ese momento, a modo de expiación. Por un lado extrae de la «confesión» cualquier tipo añadido infantil que podría haber dado lugar en el momento en el que sucedió, pero por otro aporta si cabe más crudeza a lo que nos cuenta al tener la visión adulta del momento en el que lo cuenta. Eso le permite tener lagunas en su historia, ahorrarse las partes que no le interesan o dotar de mayor sinceridad a lo que ha visto. Sin embargo, cuando la acción se ha vuelto desenfrenada y el lector ya está atrapado, capítulos que empiezan o acaban con párrafos como el que copio a continuación, hacen que te atrapen en la misma situación en la que se encuentra su yo del pasado:

No voy a contaros esto.

Me niego.

 Hay cosas que morirías antes de contarlas, cosas que

sabes que deberías haber muerto antes de verlas.

 Yo observé y lo vi.

Confesiones como esta hacen que lo que se cuenta se convierta en algo más turbio aún, lleno de aristas, de detalles que, aunque no aparezcan, puede rellenar el lector con la imaginación. Como podéis ver, estoy intentando no contar nada de lo que pasa en la trama porque creo que, para afrontarla, es necesario llegar lo más «virgen» posible a la lectura.

Si entramos de lleno en el tema de trasfondo, veremos que Ketchum aborda la maldad humana sin cortapisas, yendo directo al grano. Sí, quiere hablar sobre el maltrato, la fragilidad del sistema de adopciones o incluso de los problemas derivados de las girl next door ketchum leisure 2005comunidades pequeñas y cerradas. Pero sin duda, la maldad porque sí, es lo que fascina al autor. Cómo una manzana podrida puede infectar a todas las que la rodean en un tiempo relativamente corto, convirtiendo a inocentes niños en verdaderas máquinas de hacer daño. El mal por el mal, simple y llanamente.

Igual que sucede con la piratería en España, en ocasiones, el ser humano actúa con malicia porque puede hacerlo, sin excusas. Mediante el avance de los días en la residencia de los Chandler, veremos ese cambio progresivo en el grupo de chavales, de jugar con simples colonias de hormigas a utilizar los métodos más imaginativos para causar dolor en un semejante. Os preguntaréis muchas veces el por qué llegan a esas cotas de repugnancia mientras estéis allí con ellos y siempre obtendréis la misma respuesta: porque pueden.

Decía el escritor y filósofo Edmund Burke que para que el mal triunfase solo hacía falta un hombre bueno que no hiciese nada al respecto. Aquí veremos un ejemplo perfecto encarnado en el protagonista, David. Y quizá esta sea una de las cosas que menos me gustan de la novela, al menos en cuanto a la credibilidad de la misma. Es cierto que el muchacho explica las razones por las cuales se comporta de esta manera, pero a mí no acaban de convencerme. Al principio, las fechorías no son más que gamberradas un poco pasadas de vueltas y puedo entender que el muchacho se mantenga al margen como mero espectador. Pero llega un momento en el que su inactividad irrita al lector, sobre todo por la gestión que hace más adelante de los sucesos. Desde que se inicia la vorágine de violencia, tengo la sensación de que el chico sufre de una psicopatía enervante de la cual no hablan en toda la novela.

Si he de poner alguna pega a la novela, además de lo anteriormente mencionado, es la pésima traducción y edición de la misma. La Factoría (Fechoría, como dirí

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a nuestro Barbas) de Ideas, bien conocida por los lectores de género en nuestro país por sus desastrosas traducciones, hizo gala de sus peores hábitos dejando en las librerías un despropósito de texto lleno de erratas y frases que se contradicen en demasiadas ocasiones y que hacen pensar que todas las leyendas que se cuentan sobre ella, son ciertas.

Más allá de eso, la novela es una puta maravilla que nadie debería perderse si quiere corroborar ese dicho de «la realidad siempre supera a la ficción» porque, por increíble que parezca, el señor Ketchum no hace más que adaptar a novela el caso real ocurrido en Indiana cuyo nombre en clave para la búsqueda es Sylvia Likens. Por si cuando acabéis con la ficción queréis saber algo más de la realidad.

 

 

 

 

Semana Gótica de Madrid: Mesa redonda sobre Lovecraft y la influencia del Horror Cósmico en los autores españoles

IMG_2436Como ya comentamos ayer por las redes, Los Búhos del Caos nos acercamos al Museo del Romanticismo para asistir a la II entrega de los Premios Le Fanu que otorga la Semana Gótica de Madrid desde el año 2016. Los galardonados en esta ocasión fueron Juan Ramón Biedma, Rafael Llopis y Ramsey Campbell. Tras escuchar un breve discurso por parte de los galardonados —En el caso de Llopis, el speech corrió a cargo de Alberto Ávila Salazar, ya que el primero no pudo acudir por motivos de salud. Asímismo, Ramsey Campbell tampoco pudo acercarse a recoger su galardón, pero al menos nos regaló un pequeño mensaje de agradecimiento que la propia organización nos mostró mediante una breve proyección—, se dio un pequeño descanso a los allí presentes para, a continuación, continuar con el plato fuerte de la noche: La influencia del horror cósmico en los escritores españoles de la actualidad; una mesa redonda en la que participaron el galardonado Juan Ramón Biedma, los autores Ismael Martínez Biurrun y Alberto López Aroca, los editores Javier Jiménez Barco (Barsoon y Costas de Carcosa) y Pablo Mazo (editor de Salto de Página), y Oscar Mariscal (articulista y traductor especializado en literatura fantastica y de ciencia ficción).

A modo de introducción, Óscar Mariscal comenzó con un extenso e interesantísimo speech dedicado a Lovecraft y, con una rigurosidad absoluta, desmenuzó los orígenes e inicios literarios del autor, deteniéndose en las diferentes publicaciones y en los giros y recorridos que dieron los cuentos de este a lo largo de su vida. Nos contó cómo Howard Phillips Lovecraft —por si algún lector rezagado aún no sabe qué significaban las siglas H.P.L (no, no significan Hewlett Packard)— era capaz de desarrollar todo un cuento alrededor de una simple idea esbozada en el margen de una hoja, o de qué forma se había descubierto en los últimos años que muchos cuentos que obraban a cargo de otros autores —clasificados como Colaboraciones—, en realidad estaban escritos casi por completo por este, aunque él nunca aceptó reconocer este hecho. Todo ello se ha descubierto gracias a la infinidad de correspondencia que permanece a buen recaudo, que, según los expertos, pudo ascender a más de cien mil de ellas. ¿Os imagináis la cantidad de información interesante que se ha podido extraer de semejante archivo documental?

Tras esta larga introducción, el primero en tomar la palabra fue Ismael. Comentó lo curioso que le resultaba que, a pesar del evidente estilo recargado de Lovecraft y lo difícil que puede resultar para algunos su lectura, al final, casi todos los lectores que se acaban enamorando de su obra, son conscientes de las carencias de su escritura pero, sin embargo, acaban fascinados por lo que rodea a cada uno de sus escritos, y casi nadie es capaz a día de hoy de igualar ese tándem entre “deficiencia” —por catalogarlo de alguna manera— literaria y fascinación de la maravilla. Además, comentó cómo cada uno de sus cuentos, rebuscando mucho entre sus letras y haciendo un fuerte ejercicio de empatía hacia el autor, siempre guardan ese mensaje subliminal al respecto de la ininteligibilidad de los dioses cósmicos y el fracaso de la razón humana ante esos seres primigenios venidos del «vete a saber dónde»; una fórmula que repite una y otra vez pero que fusiona a la perfección.

Cuando Ismael le dio la palabra a Pablo, este nos habló de la maravillosa locura que supuso trabajar como editor con algunos autores y de la experiencia que vivió al hacerlo con Emilio Bueso. Le concedió el honor de ser uno de los mejores, si no el mejor autor con el que ha trabajado, y definió su mente como «un parque de atracciones demencial dirigido por el Joker». Además habló de Extraños EonesEdiciones Valdemar, 2014— como una muy buena novela que sabe coger la cosmogonía del mejor Lovecraft y llevársela a su propio terreno, sin renunciar a sus filias y fobias personales y dotarla de una identidad propia. Otra de las novelas que recomendó y que catalogó como la mejor obra española de tintes lovecraftianos del mercado español, es La Piel Fría, de Alberto Sánchez Piñol, de la cual se acaba de filmar una adaptación a cargo de Xavier Gens.

En el turno de Alberto asalta a Ismael —de forma argumental y figurada— al respecto de una de las cosas que este ha comentado. Difiere de la opinión de este y de otros muchos expertos y literatos que afirman que este o aquel autor escribían sus historias pensando siempre en una segunda lectura de los sucesos, en el caso de H.P.L., y cree que es un ejercicio de autocomplacencia el hacerlo una vez el autor muere. Con muy buen criterio, explicó que quizá Lovecraft escribía lo que se le pasaba por la cabeza, y que nunca pensó en dotar a sus cuentos de paralelismos sesudos referentes a la psique humana o a la trascendencia de la religión en la sociedad, por poner dos ejemplos que ofrecen algunos expertos.

Cuando la patata caliente le llegó a Biedma, este se detuvo un momento para pensar, y habló con esa tranquilidad que le caracteriza. Explicó que quizá, al hilo de lo que comentaba Ismael sobre lo bien que funciona la obra de Lovecraft a pesar de estar de esa forma escrito, las adaptaciones cinematográficas nunca han calado hondo por intentar plasmar fielmente las palabras del autor. En una obra tan sugerente como la del de Providence, es muy difícil dar con las imágenes precisas para que obra y espectador casen de forma perfecta, ya que muchas veces el intento por aclarar las cosas tiene un efecto contrario al que se busca en la literatura. Además, afirmó que él ha huido siempre de la faceta más conocida del autor y que, el tema de los Dioses Cósmicos y los tentáculos, por definirlo de alguna manera, nunca le ha atraído de la forma que a otros escritores fascina.

Javier entró en la palestra comentando cómo la obra de H.P.L. ha vagado durante mucho tiempo por infinidad de revistas y fanzines Pulp, dando lugar a increíbles cuentos e historias denominados Pastiches (historias que cogen elementos de diversos géneros y los funden en uno solo). Defendió con vehemencia este género de los que lo califican de negativo para la literatura y comentó que, a veces, sin tener que centrarse absolutamente en el canon de la bibliografía original y saltándote ciertas premisas, se pueden crear muy buenos cuentos que den con la tecla y definan exactamente el género como Lovecraftiano sin perder un ápice de identidad propia. Estos son los casos de The Wild of Claude Astur y Spawn of the Green Abyss, ambos relatos publicados en la revista Weird Tales en el años 1947 y 1946 respectivamente.

Como podéis ver, aun a grandes rasgos, la mesa redonda dio para muchos y muy interesantes temas. Por desgracia el tiempo se acabó para todos y, tras los agradecimientos de rigor a participantes y organizadores y los merecidos aplausos, abandonamos la sala y continuamos con nuestros propios debates bajo el amparo de la fresca noche madrileña. Como podéis imaginar, esto dio para otras muchas crónicas regadas de cerveza que, aunque me pese, quedarán en el recuerdo de cada uno.

 

La guerra del planeta de los simios. Matt Reeves

imageDe un tiempo a esta parte, los blockbuster veraniegos pasan por las carteleras sin pena ni gloria. Pocas veces la acción frenética, el sonido estridente y los efectos especiales vienen acompañados de un guión de una calidad apabullante. Sin embargo, La guerra del planeta de los simios tiene un mucho de lo último y un poquito de los demás factores anteriormente mencionados. Lo conseguido por Matt Reeves con este broche final —¿realmente lo es?— a la saga es de una categoría digna de mención.

Los acontecimientos nos sitúan cuatro años despues de lo narrado en la anterior entrega; sin embargo, los enfrentamientos entre simios y humanos siguen sucediéndose. Los monos, liderados por César, siguen escondiéndose de los hombres, mientras que estos últimos buscan a los primeros para acabar con ellos. ¿La razón? La especie humana ha sido diezmada por el virus de la gripe simia y corre grave peligro de ser eliminada de la faz de la Tierra. Todo lo contrario que la especie protagonista, en pleno auge intelectual y alejada de cualquier enfrentamiento, sabiéndose responsable del futuro de sus congéneres.

Por suerte, el director plantea la historia desde el punto de vista de los simios, algo que no es nada fácil. César es uno de los pocos monos que puede articular palabras, así que sus apariciones no nos provocan muchos problemas. Pero sus parientes, es harina de otro costal, lo que se resume en dos horas y media de monetes comunicándose mediante el idioma de los signos y subtitulándolo en la pantalla. Con un lenguaje sencillo, consiguen atraparnos con sus dilemas, consistentes en hasta qué punto siguen siendo lo que eran, y cuánto se diferencian de nosotros. La ira, el afecto, el apego, la venganza… Todos estos sentimientos, tan ligados al ser humano, los sentirán el protagonista y sus congéneres y nos mostrarán cómo de fina es la línea que separa a seres humanos y primates.image

Por otro lado, tenemos el bando humano, liderado por un Coronel sin nombre interpretado por un Woody Harrelson al que la edad le ha dotado de mayor capacidad interpretativa y que en los últimos tiempos nos ha sorprendido con papeles más que brillantes —Marty Hart de True Detective es un buen ejemplo de ello—. Aquí, da vida a un mandamás del ejército algo ido, exento de empatía hacia los humanos a los que lidera y obsesionado con una vendetta con cara de chimpancé llamada César.

Ambos papeles contrapuestos son los que, por un lado, equilibran la balanza entre la dualidad Humanidad/Simiandad —palabro que me acabo de inventar— y por otro nos enfrentan al problema de la involución humana dependiente de sus aspectos más primigenios. Esa gripe que está acabando con los seres humanos, además, presenta un nuevo síntoma: la pérdida de la voz y un estado que extrae el raciocinio a los infectados, es decir, los dota de la antigua personalidad animal. Con esta base, Matt Reeves nos atrapa en una perfecta amalgama creada a base de unificar una magnífica banda sonora —obra de Griffith Giaccino— con preciosos escenarios salvajes —bosque, desierto y montaña— por los que se pasea uno de los más extraordinarios CGI que yo he visto hasta el momento. La expresividad que hay en los ojos de los cinco monos protagonistas es tal, que solo con detenerte en ellos, puedes adivinar lo que sienten. Desde aquí mi más sincera felicitación a Andy Serkis —nominación al Oscar, ya— porque creo que sin su trabajo, esto no habría sido posible.

Por otro lado, la palabra «guerra» en el título, da lugar a confusión. La gente puede pensar que la película va a ser el Desembarco de Normandía pero con simios, y no. . Como mucho, «La escaramuza del planeta de los simios», si me apuráis. Porque ni de lejos está la población mundial en jaque, ni esta batalla es crucial para la supervivencia de ninguna de las dos especies. No sabemos qué sucede en los demás continentes ni tampoco si la enfermedad ha llegado a algún otro lugar. Las referencias a Apocalipsis Now están ahí, a la vista, incluso para los menos avispados —como un servidor— hay un juego de palabras durante una de las escenas, que deja más que claras esas referencias. El tono oscuro que impregna toda la obra, cuadra más con un western de calidad, que con una película bélica. Es más, los distintos elementos que aparecen —un toque de aventura, otro de suspense, un poco de cine de fugas, aquí una pizca de drama— la alejan aún más de un simple estilo de filme.

Como pega —más que pega, cagada absoluta y agujero de guión—, esa escena en laimage que un humano es atacado con un par de boñigas de mono… Y hasta aquí puedo escribir. Es el único error que he localizado y que no sé cómo ha podido escaparse en un libreto tan bien llevado en todos los aspectos.

En definitiva, un cierre de saga que hace justicia a las anteriores entregas y que mejora el producto original hasta cotas inimaginables. Eso sí, el final no se deja tan cerrado como a servidor le gustaría, lo que hace plantearme si en realidad se ha quedado así por alguna razón. Sea como sea, si le siguen dando el mando del guión a Matt Reeves y la interpretación de los simios a Serkis, pueden contar conmigo en la butaca del cine porque no pienso perderme ninguna de las dos, tres o seis películas que se hagan.

 

 

Por qué me comí a Padre. Roy Lewis

imageEscribo esto porque tengo la necesidad imperiosa de recomendar un libro. No es un bestseller internacional mundialmente conocido por todos. Es más, probablemente tú, que estás leyendo esto, no hayas oído hablar de él en tu vida, igual que yo no lo había hecho hasta que no cayó en mis manos. Es más, puedo asegurar que lo tienes en la misma edición que yo, que te lo regalaron en Sant Jordi o en la Feria del libro de Madrid por comprar alguna novela en Cyberdark o en Gigamesh, y que tan solo le has echado un breve vistazo y lo has colocado en la estantería, al lado de los ejemplares esos que regalan de vez en cuando editoriales y grandes superficies. Si lo has hecho, hazme caso: corre a por él y léetelo en cuanto tengas oportunidad.

Por qué me comí a padre es una puta maravilla escrita en el año 1960 —ojo, que hace 57 años— por Roy Lewis y reeditado por Ediciones Gigamesh para regalarlo. Por la cara. Gratis. Cero euros. Como ya he dicho antes, es un libro desconocido por el gran público y relegado a un rincón lleno de polvo que nunca más volverá a ser descubierto excepto en una mudanza o por culpa de unos sobrinos inquietos que lo toquetean todo. En esta nueva edición, el Sr. Corominas se saca de la manga una ilustración que de sencilla entra por los ojos como un plato de oreja a la plancha en pleno invierno. Con su salsita y todo. Y su ajo. Y su limón. Vamos, que es una puta gozada. Además, contrasta con ese amarillo chillón que han decidido forme parte del cuerpo del libro para hacerlo todavía más llamativo que los anteriores, que ya es difícil.

Básicamente, cuenta la historia de una tribu de homínidos que están livin’ la vida loca durante el Pleistoceno en las llanuras prehistóricas de África. Aún no han descubierto el fuego, pero se encuentran bien entretenidos despiojándose los unos a los otros e invirtiendo parte de su tiempo en la I+D de la época: la extracción y fabricación en serie de lascas de sílex. El narrador, Ernest, nos lleva de la mano por el día a día de esta familia, encabezada por Padre, un señor homínido de modales exquisitos muy preocupado por la evolución de las especies y que está convencido de que la raza humana gobernará la Tierra sobre todas las especies. Es consciente de que seguir una alimentación a base de raíces, frutos y carroña no es suficiente para erigirse en la cúspide de la cadena alimenticia y que el futuro está en la sabrosa carne recién cazada de los animales que les rodean. Pero claro, tienen una competencia muy dura, ya que, a los homínidos de tribus rivales, han de sumarse tigres dientes de sable, leones, hienas, osos, leopardos, mamuts y hasta okapis y cebras que pegan unas coces de espanto.

Si habéis visualizado a esos humanos tan mal disfrazados que aparecían en la película 2001: Una odisea en el espacio, olvidaos de ellos. Estos homínidos tienen una exquisita educación y conocen a la perfección —no es así, pero se usa como recurso humorístico a la hora de explicar ciertos pasajes— dónde se sitúan los diferentes continentes que forman la Tierra, saben que esta es redonda e incluso tienen unas dotes de oratoria que ya quisiera Adolf Hitler para sí. Ese contraste extraño, en el que unos simios que acaban de descubrir el caminar erguido hablan con la potencia y la perfección de un lord inglés de finales del siglo XIX, con su retranca y un humor muy british, hace que la narración se convierta en una descacharrante crónica prehistórica en la que se nos muestra de una forma más que sutil nuestros errores de hoy y de ayer. Bueno, y de siempre. Porque en realidad el ser humano nunca ha cambiado. Sigue siendo el mismo mono que se despierta cada mañana para ir a cazar, recolectar, proteger a su prole y dormir bajo techo para sentir la protección del medio. Que traiciona, que miente por su propio interés y que explora lo que le rodea para sacar la máxima ventaja posible a su entorno.

No perdáis de vista al tío del protagonista, y hermano de Padre, Vanya; un mono que aborrece los adelantos científicos y huye como de la peste de los nuevos inventos tecnológicos. Y lo hace porque cree que estos alejan al ser humano de su condición natural, la de la comunión pura y absoluta con la Naturaleza. Las escenas en las que los dos hermanos discuten uno con el otro son lo mejor de la narración.

El tono humorístico mezclado con ese aire de moraleja que rodea a toda la narración hace que devores la historia en un santiamén y quedes con ganas de más. Hambre que por cierto, puedes saciar si eres capaz de encontrar la continuación en alguna librería de viejo, porque existir, existe. Empecé el libro por casualidad, recién acabada la lectura que llevaba encima y, cuando pasé la tercera página, ya me dolía la tripa de contener la risa en el transporte público. Una verdadera joya por la que le mando mis más sinceras felicitaciones a Alejo Cuervo o a aquel que haya pensado en este regalo para amenizar las compras del día de Sant Jordi.

De verdad, no os lo perdáis. Palabra de Toluuuu.

Harry Potter: Especial 20th Aniversario

 

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Hace algo más de veinte años, una mujer de nombre Joanne lograba ver su sueño cumplido al conseguir que el primero de sus libros, un pequeño cuento para niños, fuera publicado en el Reino Unido por una pequeña editorial llamada Bloomsbury. Para ser su primera publicación importante, recibió la nada desdeñable cifra de 2500£ como adelanto, una alegría para alguien que, en principio no esperaba nada más que contentar a su hija con las aventuras de su pequeño personaje. El calendario marcaba el 26 de junio de 1997. Servidor no tenía ni diecisiete años y tardaría al menos otros tres en leerse la que probablemente sea la saga de fantasía juvenil más importante de los últimos cincuenta años.

Veinte años después, 450 millones de ejemplares pululan por las estanterías del mundo entero y, esas 2500£ iniciales, se calcula que se han convertido en cerca de

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La saga al completo. Editorial Bloomsbury

mil millones de dólares que, suponemos, mantendrá a buen recaudo en la caja fuerte del Banco de Gringotts. ¿Dónde si no podría estar más seguro el dinero de la creadora del mundo de Harry Potter que escoltado por un enorme dragón albino y unos duendes avaros y desconfiados? Porque no todos los autores de género pueden decir que han visto publicados sus libros en 77 idiomas diferentes y en 200 países regidos por otras tantas banderas. Lo que ha conseguido esta mujer es un hito en la historia de la fantasía y eso es algo que no le podemos negar.

Como bien sabéis, la saga consta de siete libros, cada uno de ellos llevado a la gran pantalla por su película homóloga exceptuando su última parte, Las Reliquias de la Muerte, que fue dividida en dos para, suponemos, exprimir aún más a sus seguidores escudados en la excusa de intentar profundizar más en las posibilidades del desenlace final. Por tanto, una saga cinematográfica que ha generado unos ingresos de más de 7700 millones de dólares y ha lanzado al estrellato a actores como Daniel Radcliffe, protagonista de las cintas en su papel como Harry Potter, y Emma Watson, que se hizo con el papel de Hermione Granger, uno de los preferidos por el público seguidor. No voy a meter aquí a Ron Weasly o, imagecomo se le conoce en nuestro mundo muggle, Rupert Grint, debido a que más allá de las películas de la saga y de amasar una fortuna nada desdeñable, solo ha tenido pequeños papeles en películas de su país; aunque recientemente hemos podido verle en la serie Snatch, basada en la película de Guy Ritchie del año 2000. Tampoco voy a hablar de Robert Pattinson en el papel de Cedric Diggory, la primera muerte importante de la saga y protagonista de otra franquicia llamada… No, me niego a ensuciar este artículo con esa blasfemia vampírica de chupasangres con brillitos como rocas de arenisca al sol.

Volviendo al tema de las películas, ya sabéis que la dirección de las mismas corrió a cargo de varios nombres. Los directores Chris Columbus, Alfonso Cuarón, Mike Newell y David Yates se encargaron de llevar la saga a cotas cada vez más grandes, a veces de forma ineficaz, como es el caso de Harry Potter y La Orden del Fénix, una cinta que, si no llega a ser por la aparición del personaje de Dolores Umbridge, interpretado de manera increíble por Imelda Staunton, habría caído en picado al olvido de los lectores de la saga. Todo lo contrario que Harry Potter y El prisionero de Azkabán, una maravilla visual perpetrada por Alfonso Cuarón,

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Escena de Harry Potter y El prisionero de Azkaban

que consigue darle ese giro oscuro a la saga que tanto va pidiendo a partir de la cuarta entrega. Todo en ella es prodigioso, desde el tono cromático, pasando por la dirección de actores, como las tomas, el montaje o ese viaje en el tiempo magníficamente contado en el idioma cinéfilo. Una gozada. Aunque el final de la saga no es malo ni decepcionante, el papel de David Yates queda un poco desfigurado debido a la maravilla técnica que se saca Cuarón de la chistera al ser comparadas ambas. Aún así, un gran final fiel a la novela —de ahí buena parte de los errores de dicha película— que incluso en el cine pareció moverse mejor que la obra en la que estaba adaptada, consiguiendo que la historia fuese menos farragosa que la original.

Pero, y ahora que hemos llegado hasta aquí, voy a hablaros de otros directores a los que supongo que los menos fans no conoceréis. Se trata del norteamericano Justin Zagri y del italiano Gianmaría Pezzato, ambos encargados de dirigir tres películas —dos el primero y uno el segundo— basadas en la saga pero en formato fanfic, creadas por y para los fans. Las primeras tienen por título The Greater GoodEl Bien Común— y Severus Snape and the Marauders —Severus Snape y los Merodeadores—. Por parte de Pezzato, su película, que no ha sido estrenada aún, se titulará Voldemort: Origins of the heirVoldemort: El origen del heredero—, y se espera que sea antes de final de año cuando la tengamos en portales como YouTube.

imageLos cortos a cargo de Zagri, surgieron como un complemento a lo ya narrado por los libros originales. El primero de ellos, The Greater Good, narra el momento en el que los hermanos Dumbledore mantienen una discusión con Gellert Grindelwald, hasta ese momento muy amigo de Albus. Su hermano Aberforth desconfía de Gellert y avisa a Albus de lo que puede pasar si le sigue la corriente. Todo este pasaje ya es comentado en Harry Potter y el Misterio del Príncipe, así que si lo habéis leído, ya sabéis qué es lo que acontece tras el enfrentamiento entre los tres y la hermana de los Dumbledore, Arianna, que está un poco desequilibrada. Todo lo que se puede ver en el corto es en lo que desembocarán los sucesos relacionados con la varita de saúco que busca desesperadamente Voldemort al final del libro anteriormente mencionado. La factura del corto no es mala para ser de un director amateur y, sobre todo, las luchas de varitas están muy bien llevadas. Los actores son un poco palos, se les nota que son bastante novatos, pero he de reconocer que salen bastante bien parados en el film. Los efectos especiales son muy cutrones, pero como tienes claro lo que vas a ver, no te sacan de la película, y se disfruta todo a la perfección. Os dejamos aquí el enlace para que podáis disfrutarla. No existe en castellano, solo en español latino; que no os lo recomiendo porque es un doblaje de lo más chusco. Activad los subtítulos, que son perfectos y van bien sincronizados.

The Greater Good

imageHablar de Severus Snape and the Marauders ya es harina de otro costal. Esto sí que es un pedazo de corto como la copa de un pino que ningún seguidor de la saga debe perderse. Todo en él, desde los actores, pasando por las caracterizaciones, el guión, el montaje… todo está pulido con una calidad superior a lo normal. Con muchos más medios no sé qué podría hacer este señor. Aquí podemos ver un pequeño capítulo en el que los cuatro amigos Merodeadores —para los más despistados Remus Lupin, Peter Pettegrew, Sirius Black y James Potter— están a punto de abandonar por fin Hogwarts y lo están celebrando en un pub rodeados de cervezas. Mientras hablan, se nos van mostrando las características de cada uno de los personajes en sus gestos, en su forma de hablar. Es un espectáculo. Vemos el nerviosismo y la cobardía de Peter Petegrew, la rata que traiciona a sus amigos y que más adelante perderá una mano en el futuro de forma voluntaria. La valentía y la fidelidad a la amistad la vemos reflejada en el personaje de Sirius; no es tan impulsivo como su amigo Potter, pero respalda todas sus ideas, mostrando al espectador los lazos que unen a ambos. Remus es el personaje previsor y responsable que vemos en la saga. Quiere evitar a toda costa meterse en líos, pero no puede evitar seguir a sus compañeros, aunque solo sea para ayudarlos. Su caracterización es espectacular, lleno de heridas y cicatrices por culpa de su maldición. También tenemos a James Potter, un imbécil pagado de sí mismo y egoísta que no ceja en su empeño por convencer a sus amigos para hacerle una perrería a Snape, el mago que está enamorado de su chica y al que odia desde lo más profundo de su ser. Dejo para el final a este, porque sin lugar a dudas es el protagonista absoluto de la cinta. Con ese pelo negro lacio y largo, de piel cetrina, con cara de pocos amigos y esa pose seria y pensativa que siempre nos mostraron en los libros. Tras esta escena llegará el duelo esperado y aquí sí que lo gozas como un niño pequeño, como un fan más. La coreografía de los personajes es perfecta, dinámica y muy bien conseguida. Los efectos especiales no es que sean de baratillo, pero cumplen su función a la perfección. No quiero contaros nada más para que podáis disfrutarlo vosotros, porque de verdad merece la pena. Al igual que con la anterior, os dejamos aquí el enlace para que activéis los subtítulos y disfrutéis de una media hora de acción y hechizos para todos los gustos.

Severus Snape and The Marauders

imageY el tercero en discordia es Gianmaria Pezzato con Voldemort: Origins of the heir, que aún no está terminada pero se encuentra en pleno rodaje. La historia detrás de este corto es más que curiosa, ya que el director y guionista sacó el proyecto por Kickstarter con un tope de cuarenta mil dólares para conseguir la financiación. La sorpresa llegó al recaudarlos en poco tiempo y encontrarse con una demanda de Warner Bros debido a la defensa de derechos de la película. La cosa se quedó en un susto, ya que al final la productora les dio permiso para que siguieran con el proyecto pero, con una condición: no podían ganar dinero con la película. Accedieron y todo se resolvió bastante rápido. Tras casi dos años de producción podemos ver el trailer en YouTube que, no nos deis las gracias, de nuevo os dejamos a continuación.

Voldemort: The Origins of The Heir

Tiene buena pinta, ¿verdad? Esperamos que os haya gustado el artículo y que al menos, hayáis conocido algo que hace un rato ignorabais. Y si no es así, intentaremos sorprenderos con el siguiente artículo.

 

 

 

Un mundo de Hielo y Fuego: Encuentro con los autores Elio M. García JR y Linda Antonsson

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Los Buhos del Caos no nos perdemos una. Si hay una concentración literaria o cinéfila y huele a que va a haber chicha de la buena, allí que nos plantamos. Esta vez ha sido en el Espacio Fundación Telefónica, donde los autores Elio M. García JR y Linda Antonnson, responsables de El mundo de Hielo y Fuego, visitaban Madrid antes de aterrizar en el Festival Celsius de Avilés. Si sois seguidores del mundo de Poniente, advertiros que han dejado un montón de Spoilers, información y dudas resueltas que podríamos convertir en titulares con solo una lectura.

Lo primero que voy a hacer como responsable de la visita a dicho evento, es pedir disculpas si las transcripciones no son todo lo fieles que deberían. Como inexperto en estas lides, se me olvidó llevar grabadora para poder escuchar de nuevo la entrevista, pero creo que lo extraído de la misma es bastante fiel a lo original. Por tanto, desde aquí, y bajo mi nombre, Jose Antonio Campos, (Toluuuu) me hago cargo de todo lo dicho y asumo todos los errores que se puedan cometer a continuación.

Nos metemos en faena. El evento comenzó con la aparición de Diego García Cruz, el traductor de la velada y conocido por ser el traductor entre otras muchas cosas, de las últimas galas de los Oscar para Canal+. Dentro de este mundillo de letras y fandom, también es reconocido por ser uno de los organizadores del Festival Celsius, cercano y amable con todo aquel que se atreve a acercarse y preguntarle cualquier duda. Tras las dudas de las primeras palabras, nos informa que Laia Portaceli, una de las presentadoras, se va a ausentar por motivos de fuerza mayor. Además, también nos comunica la mala noticia de que un documental que se iba a exponer con motivo de la charla se ha tenido que eliminar del programa por motivos personales ineludibles.

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Tras dar paso a Aranzazu Serrano, periodista y autora de Neimhaim, esta hace una breve introducción sobre el Mundo de Hielo y Fuego y a continuación, nos lee un extracto de la obra, bastante extensa. En ella nos cuenta la caída de Harrenhal de manos de los primeros Targaryen y extraída de la propia obra, basada en el mundo creado, como todos sabéis, por George R.R. Martin.

A finales de los años noventa y con solo dos libros de la saga publicados —Juego de Tronos y Choque de Reyes—, ambos autores —en aquel momento dos meros fans de la saga—fundaron la famosa web basada en el mundo de Canción de Hielo y Fuego, Westeros. En aquella época se pensaba que la saga iba a ocupar solo tres volúmenes. Sin embargo, era ya 2004 y Martin había publicado el tercero —Tormenta de espadas— y estaba a punto de publicar el cuarto—Festín de cuervos—. La editorial en Estados Unidos decidió sacar un libro para fans, destinado a complementar la información contenida en la obra y que ayudase a los lectores a no perderse en toda aquella amalgama de datos contenidos en la obra. La propuesta original tuvo como destinatario al propio autor, pero este se encontraba enfrascado en la escritura de Festín de Cuervos, por lo que sugirió a sus editores dos nombres: Elio y Linda. Al principio no contaron con la ayuda de Martín y recopilaron toda la información haciéndose un «Christopher Tolkien» con el Silmarillion. Por suerte, Martin terminó con Festín y comenzó a mandar material, hasta el punto de abrumarles con el mismo. Al fin, el lanzamiento se propuso para octubre del 2014 y para España en mayo del 2015 con portada de Enrique Corominas y gracias a la Editorial Gigamesh.

El libro cuenta con veinte ilustradores, entre ellos Ted Nasmith conocido por haber dibujado toda la obra de Tolkien en varias ocasiones tanto para calendarios, enciclopedias y ejemplares especiales; Magali Villenueve, ilustradora de Magic: The gathering y las novelas de StarWars; Marc Simonetti, responsable de las portadas de Mundodisco y más recientemente en la reedición de la saga Dune. Además, ha sido el encargado de crear todo el arte conceptual de lo próximo de Lluc Besson, Valerian y la ciudad de los mil planetas.

Tras esta introducción a cargo de Aranzazu, por fin da voz a los autores. Se les ve relajados, cómodos. No es la primera vez que hacen esto y en ningún momento se les nota nerviosos con las preguntas. Responden a todo con una sonrisa, sin titubear, sabedores de que el silencio del auditorio está dedicado a ellos por completo.

Aranzazu: ¿Cómo comenzó todo esto? ¿Qué historia hay detrás de la publicación de El mundo de Hielo y Fuego?

Elio: Aunque la gente pueda pensar lo contrario, no fue la editorial la que se puso en contacto con nosotros. Yo me encontraba de viaje por el sudeste de Estados Unidos, ya que recientemente me había mudado a Suecia, y estaba en 2004 visitando el país en compañía de mi familia. Aunque parezca increíble, recibí una llamada en una cabina telefónica. Me dijeron «Alguien quiere hablar contigo». Cuando cogí el teléfono y vi que era Martin… Comenzamos a hablar y me comentó que buscaban a alguien para crear la enciclopedia. Respondí que me parecía una buena idea pero que necesitaba a Linda para que me ayudase. Nada más colgar, la llamé por teléfono. Martin quería que hiciéramos el libro con él, imaginad lo que era eso para alguien como nosotros.

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Linda: Fue extremadamente emocionante. Cuando Elio me llamó, estaba alucinada. No pensaba que pudiera confiar en nosotros hasta ese extremo. Dentro de este género no es algo inaudito. Hay obras de género fantástico que tiene a gente tan apasionada en esos mundos que son capaces de crear las propias enciclopedias sin contar con el autor, de tanto que controlan. Sin embargo, George no quería que hiciésemos esto solos, sino que colaboráramos con él. Pensábamos que el compendio comprendería unas 50.000 palabras y al final se quedó en unas 180.000. Como todo lo que tiene que ver con Martin, se dilató en extremo.

Aranzazu: Cuando pedisteis información a Martín, este se emocionó y comenzó a daros más y más material, hasta el punto de que habían hechos inconexos, fechas que no cuadraban…

Elio: Claro. En cierto modo, no se revisó todo y se nos han colado algunas erratas y problemas de concordancia. Las aportaciones de Martin eran muy interesantes gracias a la pasión que puso en los textos de apoyo. Al principio, nos mandaba cosas que ya estaban referenciadas en la obra original, pero al empezar a ampliar esa visión, se le ocurrían cosas nuevas y lo ampliaba hasta el punto de describir el más mínimo detalle. Por ejemplo, se le ocurrieron cosas relativas a las Islas del Hierro sin consultar la propia fuente original, y por culpa de la fecha de entrega y falta del tiempo, hubo detalles que no cuadraban con lo narrado en los libros. De hecho, en Estados Unidos se dieron cuenta muchos lectores y hubo que cambiar bastantes cosas.

Ella: Nos pasamos mucho con las fechas. De hecho, Martin tiene una frase que me encanta y que suele decir a menudo. Algo así como «Me encanta el ruido que hacen las fechas de entrega a medida que las vas superando». Y como digo, nos pasamos por mucho. El problema era que el texto tenía que ir con ilustraciones y todo bien maquetado. Debido al retraso de los textos, también lo hacían las ilustraciones, ya que estas tenían que ir en concordancia al contenido de dicha página, pero claro, al no llegar ni una cosa ni la otra, la maquetación también se retrasaba, por lo que las fechas de entrega se iban cada vez más lejos…

Aranzazu: ¿Hay alguna información sobre los libros que sepáis y que no conozcan los lectores?

Ella: Obviamente, hay mucho material utilizado que no se ha podido incluir. En una ocasión estábamos presentes en una jornada de firmas en las que Martin leía capítulos en exclusiva para los lectores. Era justo aquella época en la que se encontraba más volcado con la escritura de la novela y tuvo que dejar de mandarnos cosas porque no llegaba a tiempo a las fechas pactadas. Habíamos hablado con él por videoconferencia, sobre ciertos detalles que íbamos a incluir en El mundo de Hielo y Fuego y nosotros, éramos testigos de como durante la propia conferencia este iba cambiando detalles sobre la marcha. Decía «Uy, ¡menudos cabrones! Pues esto no puedo leerlo, lo siento» Entendimos que se daba cuenta de ciertas cosas en tiempo real y decidía cambiar, eliminar o ampliar ciertas cosas que ya había decidido con anterioridad.

Aranzazu: Entonces, ¿Estáis amenazados de muerte por él? ¿Sentís una espada en vuestra cabeza cada vez que os acercáis a algún Spoiler?

Elio: Puede ser… —se ríe— De hecho, hubo un tiempo en el que en Westeros tuve que defender teorías que ni siquiera yo me creía. Me pasaba semanas debatiendo con los internautas sobre cosas que yo sabía de sobra que no eran verdad, pero que como era lógico, no podía confirmar ni desmentir, porque ante cualquier duda, la gente ata cabos y… Bueno, ya sabes.

Aranzazu: ¿Como por ejemplo la procedencia de Jon Snow?

Elio: No.

Aranzazu: ¿Por dónde creéis que tirarán las tramas?

Linda: Martin nos comentó hace tiempo que el último libro consistiría en setecientas páginas, en las que se narraría cómo los copos de nieve caen sobre las tumbas de todos los personajes —Las risas invaden el auditorio—. Martin es así. Él era consciente de que tenía muchos personajes. Un día decidió hacer una especie de compendio y al terminarlo, se dieron cuenta de que tenía más de mil personajes y el propio Martin dijo «Ufff me parece a mí que voy a tener que matar a muchos, porque son demasiados». Creo que habrá mucha sangre, que el final será amargo, agridulce. Me da un poco de pena que solo queden dos libros, hay muchas revelaciones, demasiadas partes emocionantes.
Hablando de personajes, soy fan de Daenerys, por los elementos fantásticos que la rodean, como la profecía, los dragones… Me temo que la imagen que se ofrece de ella en Danza de dragones es demasiado oscura en lo relativo a su personaje. Ella misma cree que ha nacido para la guerra y no para la paz. Será importante en la lucha contra los caminantes blancos, pero no apostaría que sobreviviera. Pero no lo sé. Quizá Arya sobreviva, pero solo porque la mujer de Martin ama al personaje y quiere que sobreviva y podría hacerle cosas muy malas a su marido si no lo hiciera. Quizá Jon Nieve, pero es complicado. Hay mucha especulación sobre todo esto. Hay que tener en cuenta todo ese tema agridulce. Es probable que Bran acabe en el epílogo convirtiéndose en el que ve qué va a pasar en Poniente, viendo esa Primavera de Poniente.

Elio: Me encanta Bran. Ese sueño de primavera es de Bran. Desde las raíces del árbol verá todo eso. Observará quien vive y quien muere, quien ocupará el trono de hierro, pero no sabrá quiénes serán hasta que suceda. Pero me reitero en que «creo» que será así. Esta es mi opinión.

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Aranzazu: ¿Creéis que, como dice la visión —aquella que sucede en la Casa de los Eternos y que habla acerca de un «dragón de tres cabezas»—, habrán más jinetes de dragones?

Linda: Creo que Jon podría ser uno. De hecho, hemos releído varios párrafos y pasajes y siempre he tenido problemas con las profecías. Personalmente creo que tanto Danny como Jon coinciden en ciertos aspectos que se narran en las profecías. Creo que al menos habría tres candidatos si añadimos a Bran también.

Aranzazu: Aquí, en vuestro libro, todo está narrado desde el punto de vista de un maestre. ¿Existe la posibilidad de que, si algo cambia, este sea el culpable y así evitar los futuros cambios en la trama?

Linda: Cuando hablaron con Martin, se dieron cuenta de que, si firmábamos como Elio y Linda sin decir que éramos de Westeros, daría la sensación de que lo sabíamos todo sobre la obra, como si nuestra palabra fuese ley. Por eso pensaron que sería mejor que lo escribiera alguien interpuesto, para que, si algo cambiaba a lo largo del tiempo, este pudiese dejarse cosas de lado, cosas que no le interesaban a él como personaje individual. George no quería desvelar las cosas que pasaban con Robert Baratheon. Es por eso que en la dedicatoria del maestre pone «para Robert», sin embargo, aparece tachado y a continuación pone Joffrey para tacharlo de nuevo y poner Tommen. La razón es que el maestre quería dedicárselo al primero, y las muertes provocaban cambios de un lado y otro; el que escribía dicha crónica no podía poner ciertas cosas ya que, al cambiar de destinatario, quizá no le interesaba que uno u otro supieran lo que realmente pensaba sobre ello.

A: Dentro del libro, ¿Hay cosas de vuestra propia creación?

Elio: Sí, pequeñas cositas. El Maestre habla de otros colegas y nosotros nos inventábamos las obras para darle a todo más credibilidad. Me preocupaba qué había pasado con las líderes de la rebelión. Se me ocurrió que hubo enfrentamientos entre las grandes familias y por eso la construcción de Harrenhal se retrasaba cada vez más. Al llegar Aegon, este exige que se haga de aquella manera. Este detalle le gustó mucho a Martin, pero al final son cosas pequeñas que acaban sido aprobadas o no por él.

Linda: Nosotros rellenamos huecos, sugerimos, buscamos líneas argumentales diferentes que se encuentran separadas un tanto entre sí y desarrollamos la forma de unirlas. Pero siempre tiene que darnos el visto bueno. Hablamos, por ejemplo, del viaje de Nymeria y como se hizo a la mar. Quedó tan bien plasmado, que Martin pensó que lo había escrito él mismo.

Aranzazu: ¿Qué podéis contarnos sobre los Spin Off de Juego de Tronos?

Elio: No puedo asegurar que salgan adelante. Saben algunas cosas, algunas tramas sobre lo que quieren hacer, pero todas ellas tienen que ver con el pasado. Pasajes relacionados con Valiria de Danza de Dragones, por ejemplo.

Linda: Será interesante ver qué se hace con la historia de Poniente. Se ha especulado mucho con las propuestas, pero muchas de ellas nos suponen harto improbables.

Elio: Muchos de los aficionados querrían saber sobre los Baratheon pero creo que es bastante difícil. Martin dice que con lo que hay es suficiente, no quiere añadir mucho más de lo que ya hay. A mí me gustaría mucho, pero creo que no. Otra trama que veo improbable: la conquista de Aegon. Es una empresa de tal magnitud que no sé siquiera si me gustaría verla en la tele. Distintos reinos, separados los demás, líneas argumentales complejas… Es demasiado desarrollar todo esto teniendo al menos siete puntos de vista diferentes.

Linda: O más dragones, por supuesto. Aunque de nuevo lo vemos muy difícil por lo caro que saldría. En Danza de dragones salen diecisiete dragones. Eso es demasiado caro. ¿Otro tema interesantísimo? La caída de Valyria. Pero de nuevo, muchos dragones y efectos especiales. La conquista de Dorne sería muy chula de ver, pero es demasiado militar y sería excesivamente difícil capturar todos los detalles sin perder la magia de la historia principal.

Aranzazu: ¿Creéis que habrá Spoilers en la serie que impliquen el libro?

Elio: No me atrevería a decir tanto. Hay otra gente que trata de presionar a Martin para que haya esas adaptaciones, como por ejemplo centrarse solo en Jon, en Danny… pero la serie va a tener setenta y tres episodios y no hay espacio para todo. Hay personajes que en la obra mueren y en la serie no, pero no tiene por qué seguir esa línea.

Linda: Rikkon es evidente que no va a acabar sentado en el trono de hierro. Pero hasta llegar a saber quién lo hará, ambas, tanto la serie como el libro llevarán caminos diferentes. Pero estoy convencida de que al final acabará sentado el mismo personaje.

Aranzazu: La pregunta del millón. ¿Cuándo veremos Vientos de invierno?

Elio: Yo puedo responderte a eso: cuando lo acabe.

Aranzazu: ¿Habéis visto a Martin hace tiempo?

Linda. Sí, unos dos años. Nos veremos de nuevo en la WorldCon en Helsinki. Hablaremos, pero no mucho sobre esto. Además, Martin no cuenta mucho, no hace predicciones sobre lo que va a escribir porque sabe que al final todo varía y la historia toma otros derroteros.

A: ¿Quién le presiona más, los fans o la editorial?

Elio: Los aficionados, sin duda. Él ha sido editor. Ha editado Wild Cards, por ejemplo, antologías de otros autores y, a pesar de todo piensa que el editor es el enemigo natural del autor. A estas alturas, los editores británicos comprenden su método y también a él y su forma de hacer las cosas. Saben que lo que hace funciona, por eso en vez de apretarle, le apoyan. Hay lectores que se comportan como verdaderos yonkies, se toman todo esto como su chute diario, como su raya de coca y se vuelven violentos. Llevo en Westeros mucho tiempo y cuando pienso en la magnitud de la obra de George me emociono, pero de forma positiva. Porque el odio lleva a la ira y la… Bueno, ya sabes. Hay gente que se lo toma de una forma demasiado personal. El anonimato de internet hace que las personas se piquen entre diferentes foros y muchas veces se cachondean de otros aficionados.

Aranzazu: ¿Habrá más enciclopedias?

Linda: Nuestro contrato permite actualizaciones a modo de segunda edición con añadidos. Pero George quiere hacer un Fuego y Sangre, esto es material Targaryen que ha eliminado, cosas que no ha podido incluir porque eran demasiado importantes y se acercaban demasiado a los acontecimientos cercanos a Robert. Le gustaría hablar de Aegon III, matar a mucha más gente, más personajes. Crear más historia sangrienta para hacer crecer ese mundo. Sería el Drillmarilion. A él le interesa mucho más lo que sucede en el pasado que en el presente de Poniente.

Aranzazu: ¿Entonces es una realidad, ya está en marcha?

Elio: Bueno, a ver. Ya hay material escrito de Danza de Dragones que no ha sido publicado. La primera regencia de Aegon fue larga y no le ha podido dedicar más que un puñado de páginas. Todo ello entrará en ese Fuego y Sangre. George nos ha comentado que tiene un contrato para escribir eso, pero no sabemos más. Si lo escribe, tendrá que ver con Vientos de invierno, pero si hablamos sobre ello, habrá que empezar de nuevo con las especulaciones. Pero su prioridad, es sin duda Vientos de Invierno.

Como podéis ver, la cantidad de información que soltaron alegremente a los lectores fue enorme y todo ello con grandes dosis de simpatía y respeto por la obra. Mi impresión es la de que más que dos autores que están recorriendo el mundo para contar la historia detrás de este Mundo de Hielo y Fuego, hay en realidad dos fans incorruptibles a los que la obra les ha abrumado de tal modo que la han interiorizado y casi convertido en algo suyo, pero sin olvidar a quien pertenece realmente.

Tras las preguntas de Aranzazu, llegaron las de los allí presentes. No las vamos a transcribir todas, pero sí las que nos parecieron más interesantes tanto por la cuestión en sí como por las respuestas.

Pregunta: ¿Creéis que Canción de Hielo y Fuego es en realidad una historia de zombies?

Linda: George escribe mezclando temas. Los Caminantes Blancos son, sin duda, un elemento de terror, pero no creemos que la novela se encasille en algo concreto. El terror, la magia o la aventura son una amalgama de detalles que se ven confrontadas en una misma obra.

Pregunta: ¿Habéis acertado alguna vez con alguna teoría personal?

Elio: Buena pregunta. Imagino que igual que decíamos antes, por ejemplo, el tema de las tres cabezas del dragón, en la serie serán las mismas que en el libro. Si Bran es una de ellas, es probable que igualmente lo sea en ambas obras. ¿Aparte de esto? Algún personaje que desaparezca de la serie, no creo que aparezca en la novela. La teoría de la Danny del futuro me da un poco de repelús. El tema de las teorías nace porque los lectores piensan para sí mismos «Wow, fíjate qué listo soy, que me he anticipado al autor». Pero, ¿y si te equivocas? Pues entonces resultará que el autor es aún más listo. Se ha hablado mucho sobre los viajes en el tiempo, sobre las visiones de Danny. Martin es capaz de hacer que todo funcione. Si Martín cree que los viajes en el tiempo funcionan en la serie, lo hará

Linda: Pero no creemos que lo hagan, aunque en la serie vayan por un lado, seguramente por el libro irán por otro lado. A mí personalmente no me convencen estas historias de saltos al pasado y demás porque, la verdad, me dan dolor de cabeza.

Pregunta: ¿Cual es vuestra opinión al respecto del capítulo de Aegon?

Elio: Es fascinante. Hay pistas de algunos elementos de dicho capítulo en El mundo de Hielo y Fuego. Referencias a los antiguos dioses, a ese horno aceitoso y negro del que habla George en alguna parte. Parece que Martin se está planteando cosas acerca de esa magia negra. Le ha gustado y a cada capítulo en el que se interna en ella cada vez le va gustando más. Lo va metiendo poco a poco. Ofrece muchas posibilidades y es bastante aterrador. George es muy bueno jugando con todo esto, ya lo ha demostrado varias veces. Hace tiempo hizo una subasta en la que se ofrecían varios capítulos. Entre cuarenta y dos personas juntamos dinero para comprar uno de ellos. Nuestra idea era hacernos con él y luego ofrecerlo a sus fans, para que ellos también pudiesen disfrutarlo. A lo mejor Sansa se casa con Tyrion, nos decíamos, entre otros cientos de cosas. Al final Martin nos engañó a todos con ello. Lo que había allí escrito evolucionó y se convirtió en algo diferente. Estamos convencidos de que nos va a sorprender.

Pregunta: ¿Os parece un escritor filosófico o deja demasiadas puertas abiertas a los sueños de Bran o Danny?

Linda: Creo que es un escritor que reflexiona demasiado todo. Sabemos que no lo tiene todo atado, que sabe cómo va a terminar todo pero que va evolucionando la historia. Conoce cuál es el final, pero el rumbo de la historia va cambiando. Hablamos hace tiempo sobre las rebeliones, sobre el fuego negro; eso no estaba en la historia principal y sin embargo lo metió. Si hablamos sobre el caballero, no existía, lo creó después. ¿Y cómo encaja todo esto? La historia crece, se sorprende a sí mismo, trata de anticiparse al lector, por eso hay publicaciones teóricas sobre Juegos de Tronos. Hace poco se ha creado una Asociación de Académicos para estudiar la obra de Martin, en la Universidad de Oxford, donde se debate sobre la política, la sociedad, la monarquía en la obra de Martín. Él se implica en la historia. La conoce a la perfección. Y en la narración se ve todo lo que piensa, porque vuelca en ella sus verdaderos pensamientos sobre lo que le rodea, ya sea su propia concepción de las mujeres o la guerra. Es una historia digna de ser contada.

Pregunta: Los Huargos. ¿Creéis que serán importantes en los dos volúmenes que quedan?

Linda: Creemos que van a ser mucho más importantes que en la serie. Creemos que es por culpa del presupuesto, por eso lo han quitado. Pensamos que si alguno sobrevive, ese tiene que ser Verano, es la promesa de veranos futuros. Creo que los demás o son prescindibles o se encuentran en situación de riesgo. Rikkon puede morir, por lo que su huargo también. Pero Verano creo que sobrevivirá.

Pregunta: Martin ama a los Targaryaen. ¿Habéis tenido problemas al tener que quitar a la familia Sangre de Dragón?

Elio: Sí, claro. He tenido que apretarle de vez en cuando, por ejemplo para pedirle el nombre de los padres de Oberyn. Sabemos su papel, pero no su nombre. De muchos personajes no sabemos más que detalles, pero por mucho que le apretamos, le parece poco necesario. Queríamos más información, pero también teníamos que mantener el equilibrio. El maestre podía saber ciertas cosas, pero otras no. El tema era saber que ámbitos quería desarrollar Martin, ya que quizá prefería esperar a la publicación oficial en vez de colocarlo aquí.

Linda: Muchas veces al consultarle o revisar, preguntábamos cosas interesantes. Qué podría ocurrir con esto o aquello; nos fascinaba. Sin embargo, a Martin no. Eran detallitos que a él le parecían simples pinceladas. Pero a veces nos preguntaba ¿y por qué os parece importantes? Y tras comentarles nuestra opinión, se quedaba pensativo. Piensa en todo de forma global y le cuesta detenerse en ciertos detalles que gustan al lector. Le interesa plantearse qué piensa el lector sobre personajes que aparecen solo de pasada. Hay uno, por ejemplo, que lleva una capa de plumas de cuervo… Y se queda ahí. No le ofrece al lector más detalles. En cambio, muchos de ellos nos preguntan qué sabemos sobre él. Parece que ha gustado mucho.

Pregunta: ¿Qué pensáis sobre las teorías sobre que puede haber más dragones? Bajo el muro, bajo el agua…

Elio: Se ha hablado de que también podría haberlos incluso bajo Invernalia. No sé. En el final de Choque de Reyes dan a entender que quizá si, que los haya. Pero me cuesta creer que Martin meta más a estas alturas, pero solo es mi opinión. Quizá se le ocurrió la idea en algún momento y lo valoró en profundidad, pero luego lo rechazó. Hay ciertos detalles en las nuevas novelas, que dan a entender que solo existen los que ya conocemos.

Pregunta: En Danza de Dragones, Martin presenta al hijo de Rhaegar. Dices que no crees que sobreviva Daenerys. ¿Crees que este es el verdadero hijo o es una pista falsa?

Elio. Ese personaje es quien dice ser al menos… a ver. Mi teoría: quienes lo criaron lo hicieron para que creyera ser el que cree que es. Si crías a alguien para que sea el hijo de Aegon, creerá ser el hijo de Aegon. Pero no tiene por qué serlo, aunque él crea que lo es.

Linda. Sabemos que la profecía habla de falsos aspirantes. No creo que sea el que ocupe el trono al final. ¿Es posible que se presente como candidato? Puede ser. Hay muchas teorías incluso en el mundo de Poniente. Siempre ha habido candidatos falsos como en nuestra historia antigua. Hay gente que se puede creer que es quien cree que es, aun no siéndolo.

Pregunta: Querría preguntaros sobre el estilo narrativo de Martin. Muchos dicen que en los últimos tiempos ha sustituido las descripciones y prefiere ir al grano. ¿Creéis que ha habido un cambio en su estilo literario?

Linda: Martin reconoce que escribir guiones le ha cambiado su forma de escribir, hasta cierto punto cinemático. Le gusta describir las escenas con todo lujo de detalles. Para algunos está sobrecargado, leen en diagonal y van al grano. A muchos no les habrá gustado los dos últimos volúmenes por lentos, por introspectivos, por adentrarse en el interior de los personajes. Creo que se hace atractivo porque activa todos tus sentidos mientras lees y puedes percibir todo lo que él quiere contarte.

Elio: George reconoce que se ha vuelto perfeccionista. Con la primera novela no tenía la sensación de poder dedicarle todo el tiempo que quería. Si pudiera reescribirlo, estamos convencidos de que esta no sería igual. Se centraría en cierto elementos que ha tenido que obviar, no es el mismo de hace veinte años, por supuesto.

Y hasta aquí el encuentro con los dos autores. Fue una velada larga e interesante que, supongo, consiguió su objetivo, y es que alguien como yo, nada fan de dicha obra, llegara a casa con ganas de leer todo lo que tiene atrasado de Martin para poder entender todo aquello que se habló en la charla. Esperemos que Vientos de Invierno llegue más pronto que tarde —las profecías dicen que probablemente en Helsinki, Martin dé una alegría a sus fans comunicando la fecha definitiva de su lanzamiento— aunque solo sea para calmar las hordas de lectores que, como Caminantes Blancos, están dispuestos a arrasar los dominios de cada una de las librerías con tal de hacerse con un ejemplar.

Electrónica, un barco de vapor, un quebrantahuesos y muchos Deinonychus

Desde bien pequeño se me notaban inquietudes por la lectura. No fui de esos niños que comenzaron a leer clásicos a los tres años o que con ocho ya habían leído toda la colección Austral de la biblioteca del cole. Ni mucho menos. Sí, con cuatro años sabía leer, pero simplemente porque tuve la suerte de caer de culo en un colegio pequeñito y sin espacio en el que mezclaban a los niños de parvulario con los de primero de EGB y los de segundo; cosas de los ochenta. En mi casa siempre hubieron libros, pero he de reconocer que ni mi madre ni mi padre fueron grandes lectores. Él se excusaba diciendo que de joven sí lo fue, y que entre sus manos habían caído decenas de novelettes de vaqueros y detectives, pero la verdad es que yo nunca le vi muy afanado en ello. Comprábamos El País todos los domingos, la Tp todas las semanas para ver la programación de los dos únicos canales y en el baño había decenas de potingues, champús y dentífrico con los que entretenerme y practicar mi pericia lectora sentado en la taza del váter. En las estanterías de nuestro salón no habría más de cuarenta libros, de los cuales al menos veinte eran de Electrónica y de Montaje de Televisión y Radio. Así que ¿cómo fue que caí en este vicio que a día de hoy copa casi todo mi tiempo libre? Ni idea. Así que si tengo que echarle la culpa a alguien, lo haré con la colección de libros infantiles y juveniles de El Barco de Vapor de la editorial SM.

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Recuerdo que en uno de los días de Reyes, con siete u ocho años —tendría que mirar de qué año son los libros—una de mis tías apareció con un paquete cuadrado envuelto en papel de regalo con muñequitos de nieve estampados. A diferencia de muchos de ellos, no era blandito ni mullido, por lo que rápidamente descarté la opción calcetines o calzoncillos. Tampoco se notaba el característico soniquete de líquido por dentro, por lo que las colonias Chispas y Nenuco quedaban tachadas de la lista de «cosasquenidecoñaquieroquemeregalenporReyes». Así que al abrirlo, como todos habéis adivinado, no estaban ni el último muñeco de los Gi-Joe, el fuerte vaquero de los Playmobil ni el guerrero hípermusculado He-Man, sino un lote de ocho libros de las colecciones blanca, azul y naranja de la editorial antes mencionada. En un principio me desilusioné bastante, y la verdad es que el lote acabó aparcado en la habitación de mis abuelos junto con la ropa interior, jerséis, pinturas y cuadernos que me habían caído.

El caso es que al comenzar el colegio un par de días después —la LOGSE no tenía piedad con nosotros, no nos dejaban ni una semana para disfrutar de los regalos—, me llevé dos de los libros al recreo y, como es lógico, me los empapé de una sentada. Aún recuerdo los nombres: Las palabras mágicas y El mono imitamonos. Esa misma tarde, en casa, cogí los otros y de nuevo cayeron en poco tiempo. Me leí todos los libros entre ese día y el siguiente, y desde entonces no paré. Primero acabé con todos los cuentos y tebeos que habían en la casa de mis abuelos y que pertenecían a mis ocho tíos. Tras eso, devoré las enciclopedias de mi padre sobre Electrónica y la colección de El Hombre y la Tierra. No quiero tirarme el pegote, pero con ocho añitos no levantaba un palmo del suelo y ya era todo un experto en el quebrantahuesos, la cabra montesa, el oso pardo o el lobo ibérico. Más tarde cayeron las novelas Yo Claudio, Chacal, El pastelero de Madrigal, Un millón de muertos, Las hienas de Ravensbruck o Los horrores nazis. Mi padre tenía bastante literatura de la Segunda Guerra Mundial, por lo que con doce años conocía a todos los hijos de puta relevantes del bando alemán.

Sin embargo, hasta que no llegó el final del verano del 1993, allá por septiembre, no aterrizó en mis manos la novela que me hizo dar un giro a mis lecturas y la que se convirtió en mi libro preferido hasta el día de hoy. Podría haber sido una obra de Lovecraft, de Poe, de Verne o de Tolkien. Pero no, fue de Michael Crichton; su título: Parque Jurásico.

No es una obra que destaque por su argumento; sus giros de trama tampoco es que sean de los más deslumbrantes que haya visto hasta la fecha. De hecho, ni sus personajes son de un carisma arrollador —exceptuando Ian Malcolm, que si bien en la novela es la nota discordante de su reparto, en la película salió bastante mejorado con la actuación de Jeff Goldblum— que te hagan olvidar a protagonistas como Robinson Crusoe, D’Artagnan o el pirata Long John Silver. Pero ¡ay madre! ¡Tenían putos dinosaurios! ¿A qué niño de trece años no le flipaba la imagen de los Tyranosaurus Rex con esas manitas tan graciosas y que salían en los libros de texto de Naturales? La novela llevaba ya tres años circulando por los USA y todos en España éramos conscientes de que el señor que había dirigido ET y las pelis de Indiana Jones se había encargado de hacerla realidad. Ya si eso otro día os cuento mi experiencia cuando vi los pasajes de la novela en el cine. El caso es que cuando vi esa portada, la original de Hollywood, flipé.

No voy a contaros mucho sobre el contenido de la obra porque deduzco que todos los que estaréis leyendo esto sois unos frikis de cuidado y, como poco, habéis visto la peli. Pero para aquellos que ni siquiera conozcan la parte cinéfila, os daré una exclusiva: son prácticamente idénticas. Salen Triceratops, Brachiosaurios, Dilophosaurios, Parasaurolophus, Tyranosaurus Rex y, sin duda, los preferidos por casi todo el mundo, los Velociraptores que, por cierto, no eran tal cosa, sino Deinonychus, pero de esto si queréis ya hablamos en otra ocasión, junto con lo de mi visita al cine. Si entramos en el argumento, es bastante básico: millonario sin escrúpulos invierte mazo de pasta en una isla perdida de la mano de Dios e instala allí unos laboratorios genéticos del copón bendito en los que gracias a la manipulación genética pueden traer a la vida dinosaurios extintos hace millones de años. Aprovechándo el espacio que le sobra en su jungla privada, monta un parque de atracciones en el que la peña en vez de meterse en el tren de la bruja o en los caballitos, puede ver a una manada de Gallimimus recorriendo una pradera de la isla, a un Triceratops plantando mierdas del tamaño de un tigre adulto o a un Tyranosaurus Rex alimentándose de una cabra despistada. Ni que decir tiene que todo esto sale mal, pero al final los buenos y los niños se escapan de la isla y sobreviven sanos y salvos. Bueno, y casi enteros. Fin.

Es curioso, pero la persona que me regaló aquella novela para mi cumpleaños fue la misma que hizo lo propio con las de El Barco de Vapor. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido, si os digo la verdad. A día de hoy la habré releído cerca de ocho veces, al igual que su continuación, El mundo perdido —aunque esta última no conserva la frescura y la originalidad de la primera— y desde entonces empecé a encadenar libros de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción hasta el día de hoy. Ya había leído algo de fantástico, pero la verdad es que Michael Crichton fue sin duda el que me metió el germen de la literatura de género en las venas. Después de esta cayeron inmediatamente Congo, Esfera, Acoso, Sol Naciente, El hombre Terminal y Los devoradores de cadáveres —todas ellas de Mr. Crichton— en menos de un mes, y a lo largo de mis años cayeron todas las demás, a excepción de Latitudes Piratas, editada en España tras su muerte a manos del cáncer en noviembre del 2008; pero esto, de nuevo, os lo contaré en otra ocasión.